Texto crítico para a exposição:
PRODUÇÃO 82 / 92 – UMA RETROSPECTIVA PRECOCE
Casa de Cultura Mario Quintana, 1993
Talvez, como Garry Winogrand, o Leopoldo pudesse dizer: “Eu fotografo para ver como as coisas ficam quando são fotografadas”. Pois é na diversidade temática que está uma das riquezas que esta exposição apresenta. Da paisagem ao patrimônio arquitetônico, do ambiente doméstico às experiências com papel cortado, são muitas as coisas que têm despertado sua atenção. Vistas com uma simplicidade que não nega espaço à reflexão e à ironia, as coisas que ele fotografa nos mostram, muitas vezes, o potencial que oferece ao observador esperto o mundo familiar – o que esta próximo, o não exótico, o que não é mais visto. A familiaridade gera a indiferença – e nela se perde muito do que sua fotografia, felizmente, nos traz, reordenando e dando o valor merecido e adequado às coisas ditas triviais.
A outra riqueza da exposição não está no mundo dos referentes (ou dos referidos, como queiram), e a ela se aplica ainda mais precisamente a frase do Winogrand. E uma riqueza interna à fotografia; é a concretização, através dela, das idéias que as coisas despertam – no tratamento dado a cada imagem, na compreensão de que o processo é responsável pelo significado – mostrando que para ver como as coisas ficam quando são fotografadas é necessário respeito pelo meio que nos relaciona aos elementos do mundo lá fora. Respeito suficiente para entender que é preciso aprender a saber fazer e um pouco de consciência de que isso leva tempo e gasta os olhos. Mais: que não é só nos contaminarmos de metol e hidroquinona, mas – acima de tudo, talvez – entender que a fotografia tem de ser vista e compreendida com um olhar tão amplo que abrace, pelo menos, toda a história da arte. Vindo da gravura, parou na fotografia – e
nela se desenvolveu. Ambos os meios exigem rigor, paixão pela afinação precisa e sutil, delicadeza, determinação e coragem. Além da cabeça dura necessária a todo o artista.
Tudo isto, eu acho, o Leopoldo tem. Só
não tem – como todos nós, fotógrafos, não temos – o beneficio de uma crítica inteligente.
Luiz Carlos Felizardo, 1993
Texto publicado no site: Colección Banco de España
Por: Álvaro de los Ángeles, 2021
La serie de fotografías Brasília (2007) representa un elemento diferenciador dentro del conjunto del trabajo de Leopoldo Plentz, que, por otro lado, se desarrolla a partir de grupos temáticos y estéticos cerrados y autónomos. Desde la idealización del paisaje, en la línea de Ansel Adams o de su paisano Sebastião Salgado en Siléncio (2012), hasta los desechos que provocan en la naturaleza los restos de envases de aluminio o bolsas de los proyectos Jardim das delicias (2013-2014) y Coisas inúteis (2008), y que él muestra como encuentros casi arqueológicos, su trayectoria parece articularse a través de la disparidad de referentes.
Las fotografías en blanco y negro de cualidades clásicas Através do espelho (2001-2014) recuerdan las imágenes que Lee Friedlander tomó de los escaparates y cristaleras de los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos, mientras que las que conforman Brasília encajan perfectamente en la tradición de la fotografía de arquitectura, que va desde Julius Schulman hasta Gabriele Basilico. En este sentido, Plentz se mueve con soltura entre estilos y tendencias, entre encuentros y búsquedas de la imagen, que recogen los frutos de las últimas seis décadas de historia de la fotografía.
LEOPOLDO PLENTZ
EXPERIMENTACIÓN Y BELLEZA
El brasileño Leopoldo Plentz ha desarrollado temáticas muy diferentes a lo largo de su
carrera como fotógrafo creativo.
Ha hecho paisajes de naturaleza en blanco y negro, escenas callejeras, vistas urbanas y
actualmente experimenta otras alternativas, incorporando el color en registros digitales y
fotografiando objetos, en un desafío a la manera de los tradicionales bodegones, que dejan aparecer nuevos recursos conceptuales y técnicos.
Leopoldo Plentz es un fotógrafo brasileño contemporáneo que ha transitado en su
trabajo temáticas muy diferentes. Ha hecho paisajes de naturaleza en blanco y negro, con una mirada de encuadre preciso y atenta en el uso de la luz y ampliaciones de gran refinamiento técnico. Ha realizado fotografía callejera, testimoniando costumbres y hábitos de las principales ciudades latinoamericanas.
También tomó paisajes urbanos y experimentó en nuevas búsquedas, las que hoy
nos ocupan, en las que aparece de modo evidente una expansión de recursos
conceptuales y técnicos. Incansable buscador de la belleza, se puede percibir en su trabajo el disfrute por la realización de imágenes de muy buena factura fotográfica. Esta característica le permite construir un puente
luido entre su visión y la percepción del espectador.
Esa búsqueda de la belleza vincula su trabajo, de algún modo, con el pensamiento
zen que propone una sabiduría por fuera de lo racional, basada en la experiencia
vivencial. “Uno de los factores esenciales en la práctica del tiro de arco y de las otras artes que se cultivan en el Japón (y probablemente también en otros países del lejano Oriente), es el hecho de que no entrañan ninguna utilidad”, dice Daisetz T. Suzuki en el prólogo de Zen en el arte del tiro con arco, de Eugen Herrigel. Y, efectivamente, el trabajo de Plentz da la impresión de que ha nacido de un proceso experimental, a través de hacer y observar, de dejar fluir el trabajo.
Aún así, las connotaciones y significados posibles en su obra son numerosos. En
Cosas inútiles, los elementos fotografiados fueron recogidos en la calle, en las
caminatas a las que es tan afecto el autor. Juntó desechos de diferente tipo, algunos irreconocibles, sucios y pisoteados. Objetos residuales de los procesos de consumo, lo que se ve habitualmente como basura. Con su mirada surgieron formas elocuentes y expresivas. Los papeles de envoltorio, impresos o metalizados, con tipografías y colores plenos, arman en algunos casos siluetas antropomorfas, personajes oníricos que caminan o danzan sobre un fondo negro. Otros permiten ver el pico de un envase, o el significativo carrete de un rollo Kodak de 35 mm. en una metáfora del fin de la era de las copias del álbum familiar sobre papel, la del registro fotográfico analógico.
En Máscaras/Autorretratos, Plentz inició su experiencia haciendo una copia en tres
dimensiones de su propio rostro, presionando un fino papel aluminio sobre su cara.
A partir de esta máscara realizó el registro fotográfico.
La técnica que eligió en ambos ensayos fue muy particular. Colocó los elementos
sobre el cristal de un escáner. Descartó el uso de la cámara, acercándose al principio de los fotogramas, una técnica preferida en la primera mitad del siglo xx por artistas de la talla de Moholy-Nagy y Man Ray. El sensor electrónico, en este caso, recibe la luz reflejada. Una decisión importante, ya que cruzó distintos tiempos, materiales y tecnologías. De este modo, Plentz pone en juego la idea del acto fotográfico mismo. El hecho de dibujar con luz se concreta sin cámara, pero con un dispositivo que también utiliza los elementos ópticos para obtener la imagen. Incrementa, sin que sea un objetivo central de su propuesta, los contenidos conceptuales del trabajo, sin dejar de lado en ningún momento esa
búsqueda de la belleza que ha signado toda su obra.
Texto publicado na revista “Todavía nPensamiento Y Cultura en America Latina, nº 38
Juan Travnik
Fotógrafo, docente e curador
Buenos Aires 2017
